jueves, 3 de marzo de 2016

YO NO OLVIDO






NICOLÁS GUILLÉN 

La tarde abandonada gime deshecha en lluvia. 
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana. 
Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas. 
Lentamente va viniendo tu cuerpo. 
Llegan tus manos en su órbita 
de aguardiente de caña; 
tus pies de lento azúcar quemados por la danza, 
y tus muslos, tenazas del espasmo, 
y tu boca, sustancia 
comestible y tu cintura 
de abierto caramelo. 
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios; 
de pronto entran tus ojos traicionados; 
tu piel tendida, preparada 
para la siesta: 
tu olor a selva repentina; tu garganta 
gritando –no sé, me lo imagino-, gimiendo 
-no sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo, creo; 
tu garganta profunda 
retorciendo palabras prohibidas. 
Un río de promesas 
desciende de tu pelo, 
se demora en tus senos, 
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre, 
viola tu carne firme de nocturno secreto. 
Carbón ardiente y piedra de horno 
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.